capitularla organización y participación ciudadana, como una forma de super-humanidad, puede hacer cambios y lograr cosas que ningún sujeto individual, por excepcional que éste sea, sería capaz de realizar por sí solo.
Posiblemente, la capacidad organizativa y participativa de las comunidades es aún más poderosa y eficaz que todo el poder de jure de las instituciones.
Porque quienes pueden realizar y ejecutar los cambios, somos todos los que vivimos en ciudades contaminadas, inseguras, llenas de basura, congestionadas por el tráfico, vandalizadas por los desechos de trasnacionales, presas de hábitos de consumo sembrados y resembrados en las mentes de niños y jóvenes por las televisoras, ahogándonos en desechos de productos de dudosa calidad, padeciendo a gobernantes corruptos, trabajando en contra del efecto empobrecedor de políticas públicas, y conservando todo en un relativo orden, somos los ciudadanos de este país. El poder ciudadano -el poder de expresar, el poder de debatir, el poder de razonar, el poder de decir “No”, el poder de decidir, el poder de elegir- es, a cada momento, poder ciudadano de facto. Llaman la atención por lo dicho iniciativas como Low Carbon City, que tuvo su primer Foro mundial en octubre de 2016.

Las bibliotecas de todo tipo pueden efectivamente sumarse a iniciativas como ésta, alentando el acceso a información sobre datos sobre la calidad del agua, el suelo y el aire en las regiones donde se localizan.El Foro permite intercambiar experiencias que tengan un impacto en las políticas públicas, a partir de las distintas experiencias sobre iniciativas a favor del medio ambiente por parte de los ciudadanos, en pos de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y siguiendo el espíritu del  Acuerdo de París.

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Foto: The Hand, de Alex Proimos, algunos derechos reservados.

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